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Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.  Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».  (Jn 11, 20-27)

Este pasaje del evangelio según san Juan nos narra el encuentro de Jesús con Marta. El Señor va a Betania porque le dicen que su amigo Lázaro ha muerto. Se conmueve profundamente, y después de este diálogo con Marta y de una oración de confianza a Dios Padre, le resucita.

La Palabra de Dios es siempre viva y eficaz, y afecta a los acontecimientos de nuestra vida. ¿Qué me dice hoy a mí este pasaje? Te invito a que lo medites sosegadamente: ¿crees de verdad que Jesucristo ha resucitado de entre los muertos? Lo profesamos en el Credo cada domingo, pero lo que profesan los labios tiene que ir acompañado de la experiencia de cada día. Si esto es verdad, si Jesucristo es la Resurrección y la Vida, nuestra vida no puede ser la misma. Nuestra respuesta ha de ser una vida alegre y gozosa, independientemente de las circunstancias que nos rodean: una vida que quiera agradar a Dios en todo. Él, en su misericordia infinita, nos ha librado del pecado y de la muerte. Nos ha resucitado a una vida nueva, tal como lo hizo con Lázaro. Te propongo que veas en tu vida cotidiana si de verdad crees esto, y si este acontecimiento remueve lo más profundo de tu corazón.

En estos preciosos días de la Semana Santa, corazón del Año Santo de la Misericordia, hemos celebrado la pasión, muerte y resurrección del Señor. Jesucristo nos ha mostrado su amor muriendo por nosotros en la cruz, ha muerto por cada uno de nosotros. Es más, con su resurrección, ha vencido a la muerte y vive para siempre. 

La actitud de Marta en este pasaje es ejemplo para todos nosotros. Ella conoce de cerca a Jesús: le ha visto hacer obras prodigiosas, ha experimentado en primera persona su amor misericordioso. Por eso no vacila en contestar: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Y tú, ¿crees esto?