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“Tengo sed”. Jn 19,28

¡Qué gran suerte poder meditar y contemplar la Palabra de Dios! ¡La Palabra de Dios! ¡Qué regalo! Palabra que es Verdad y Vida, porque está escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo. Esto es muy importante. Además, Palabra que se ha de interpretar en el marco de la Iglesia Católica.

Palabra que, al acercarnos a sus misterios, es conveniente e incluso necesario: pedir la Luz del Espíritu Santo, la Luz de Aquel mismo que la inspiró: La Luz de Dios. Y así, disponer el corazón a lo que Dios quiera decirme. Como la virgen María, que meditaba y guardaba todo en su corazón.

Querido lector, con la Semana Santa muy reciente, para no olvidarnos tan rápido de lo vivido, quisiera compartir contigo una palabra que hoy Dios me dirige a mí y ti. Y así, hacerte partícipe, protagonista de la “escena”.

Nos situamos: vemos a Cristo en el Calvario. Crucificado, clavado a un madero. Completamente cubierto de heridas. Destrozado por la tortura y por la brutal flagelación, lleno de salivazos y con una corona de espinas. Dios totalmente despreciado.

Su madre, la Virgen María, rota de dolor, acompaña a su hijo. De su mano, desde su dolor, te invito a contemplar la escena. Párate, sosiégate y tomate tiempo. Contempla a Dios clavado especialmente por ti, en la Cruz. No dejes de contemplarle hasta que caigas en la cuenta de que Él te está mirando a ti. Para Dios no hay tiempo, Él ya nos conocía. Para Él tú ya estabas allí, en su Corazón, en su mente, en su mirada. Cuando veas su mirada, mírale tú de vuelta y escucha cómo te dice: “Tengo sed”.

Sí, te lo ha dicho a ti: “Tengo sed”.. Jesús, te ha revelado lo más profundo de su corazón, y te dice: Tengo sed de ti: no de tus cosas, no de tus buenas obras, sino de ti. Te quiero a ti, tal como eres. Y con gran misericordia te dice: Yo, que Soy el Camino, La Verdad y la Vida; Yo, tu Dios, tu Creador, que soy Perfecto, Infinito, Omnipotente, que no necesito de nada, pues no me falta nada, he querido hacerme necesitado de ti y sobre todo por ti. Y me he despojado de mi condición divina, para venir en tu rescate, he querido padecer todos los sufrimientos que el ser humano pueda padecer, para mostrarte mi Amor, para predicar con el ejemplo, para dar la cara, hasta la muerte y muerte de cruz. ¿Qué más necesitas?

S. Francisco de Asís, tras conocer este Amor de Dios, gritaba angustiado por la calles “El Amor no es amado, el Amor no es amado”. Jesús te dice hoy: “tengo sed”.. No me seas más indiferente. No me ofendas más. Corresponde a mi Amor, pues tengo sed de ti.

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