FaceBook  Twitter  

Cuando acabó Jesús de enseñar a la gente junto al lago, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Así lo hicieron y pescaron tan gran cantidad de peces que las redes comenzaron a reventarse. Al ver esto, Simón se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí que soy un pecador». Jesús le dijo: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron (Cf. Lc 5, 1-11).

La llamada de Jesús es siempre apremiante: desde ahora. Él no deja lugar a titubeos ni dilaciones. Hoy es el día en que Dios nos elige para llevar a cabo su misión: ser pescadores de hombres. El primer paso es reconocer que nosotros no somos dignos. Pero Él nos confirma en la misión. Ahora es el tiempo oportuno. Ya no pescaremos más en nuestros caladeros, sino en los de Dios; no viviremos para nuestros intereses personales sino que nuestro principal interés será su obra.

Cómo hacerlo es a la vez sencillo y complicado: requiere confianza en su palabra. Ya sabemos por experiencia que nuestras formas y criterios son infructuosos -nos hemos pasado toda la noche bregando sin conseguir nada, dice Simón- y además, lo que pide puede parecernos absurdo según la lógica humana, pero así es la lógica de Dios. Rema de nuevo mar adentro y echa tus redes. Sal de tu seguridad, dirígete sin miedo a las aguas profundas, quizá allí donde ningún otro quiera ir. 

Dice el Papa en el Mensaje para esta Cuaresma que la Iglesia debe estar dispuesta a testimoniar a cuantos viven en la miseria el mensaje evangélico, el amor del Padre misericordioso. Ante la miseria material, y las que son más graves todavía, la moral y la espiritual, no podemos mirar para otro lado: tú y yo somos esta Iglesia llamada a la misión. Es necesario. Es urgente. 

Recuerdo las palabras que J. M. Pemán pone en boca de San Francisco Javier ante la idea de la evangelización: ¡Qué momento de emoción / al llegar allá, el momento / de gritarles: “Escuchad…” / y romper con nuestro acento / la virginidad de un viento / que nunca oyó la Verdad! 

Ahora bien, esto es imposible si antes no hemos recibido y cultivado el don de la fe. Los dones de Dios se custodian en la oración y en una vida de fidelidad a su Palabra. De la honda experiencia de este Amor nace la alegría de la fe y la necesidad de llevarla a nuestros ambientes llenos de amor por el hombre, con la antorcha de Cristo en la mano.

Ite, missa est.

 

  • Voluntariado en Lourdes
    Los seminaristas que hemos trabajado como voluntarios en el santuario de la Virgen de Lourdes el pasado verano os contamos nuestra experiencia.
  • Testimonio y canción de Adrián Castilla
    Aquí comparto una experiencia de la acción de Dios en mi vida, concretamente en la que ha obrado en mi debilidad. Espero que os ayude.
  • 2000 años de luz
    Uno de los grandes éxitos de "La Otra Mejilla", el grupo musical del Seminario