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El pasado mes de enero tuvo lugar la segunda convivencia de monaguillos de nuestra diócesis. Ésta transcurrió en nuestro seminario menor, en Rozas de Puerto Real, y acudieron a ella monaguillos de distintas parroquias de las ciudades de la diócesis: Alcorcón, Villaviciosa, Móstoles… sin olvidar a algunos chavales del propio seminario menor. D. Enrique Gutiérrez, uno de los sacerdotes del Colegio-Seminario Menor -y párroco de Cenicientos-, organizó la convivencia con la ayuda de dos jóvenes de Móstoles, Jorge y Edgar, y tres seminaristas, Marco, Daniel y un servidor. Sin olvidar la inestimable ayuda de otros sacerdotes que acudieron, como Laureano, Ignacio y José Manuel.

Si la primera vez que nos reunimos con los monaguillos, allá por noviembre, el tema era la “llamada” de Dios, esta vez nuestro día de encuentro giró en torno a la “respuesta” que tenemos que dar los cristianos a dicha llamada. Y, como ya sucedió aquella vez, los padres tuvieron una especial participación en el evento. Son ellos quienes deben ayudar a su hijo monaguillo a dar esa “respuesta”, que no es otra sino el “sí” confiado a un Padre que nos ama y quiere lo mejor para nosotros.

La llegada de los monaguillos con sus respectivas familias fue sobre las once y media de la mañana. Poco después tuvo lugar el momento más importante de la convivencia: la Eucaristía, que celebramos en la capilla del colegio. En las lecturas escuchamos dos episodios: el primero, sobre la respuesta a la llamada de Dios del pequeño Samuel; y el segundo relato, en el que Jesús enseñaba a sus discípulos lo que esta respuesta implica. D. Enrique nos ayudó a entender esta palabra de Dios, y luego participamos del sacrificio de Cristo, entregándonos a Él con confianza para que haga lo que quiera de nosotros.

Tras la misa tuvimos la comida, en la que las familias pudieron compartir y charlar. Después los chicos estuvieron jugando y explorando el lugar mientras los padres tomaban un café con los sacerdotes. Allí pudieron hablar ellos también sobre esa respuesta a la llamada. La “gymkana”, en la que los chicos disfrutaron con diversas pruebas y juegos que les hicieron pensar y cansarse mucho, sirvió como catequesis. Y finalmente, sin olvidar una rica merienda, disfrutamos todos de un largo rato de oración ante la presencia real de Jesús. Allí los chicos pudieron hablar con el Señor, escuchar su llamada y responder. Y como signo de esta respuesta, cada uno dejó una vela ante el Santísimo Sacramento.

Nuestra convivencia terminó, como no puede ser de otra manera, con un canto a nuestra Madre, pidiéndola que nos ayude a responder con prontitud y confianza a la llamada de Cristo, como hizo ella.

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