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El fin de semana del 11 y 12 de febrero, al finalizar el periodo de exámenes, fuimos a Arenas de San Pedro, al monasterio de San Pedro de Alcántara. Durante esos dos días tuvimos momentos para compartir,  agradecer y  ofrecer.

Compartimos nuestra experiencia de los exámenes y cómo nos encontrábamos.  Agradecidos por ellos, con los que el Señor nos enseña a ser mejores y también agradecemos el semestre que acaba.  Y por último ofrecimos el nuevo semestre que va a comenzar. Todo esto lo hicimos mientras visitábamos El Carmelo del pueblo de Arenas, en el cual celebramos la Santa Misa y pudimos hablar con las monjas un buen rato. 

Visitamos las cuevas de “El Águila” (foto): me impresionaron mucho por su belleza, sus formas sus colores… una maravilla de Dios. Así tuve la oportunidad de alabar la paciencia  que tiene Dios creador para podernos preparar este tipo de cosas, que a veces se nos ocultan por tanto tiempo.

 Otro detalle del amor de Dios fue la Hora Santa, en la cual rezamos juntos, en unidad, como bien nos recordó nuestro formador. Después de la cena tuvimos una velada para divertirnos de manera sana y en la cual nos dimos cuenta de lo que significa “ser como niños”. Al día siguiente nos fuimos a dar una vuelta por la montaña y nos empapamos, no solo del amor de Dios, sino también de la lluvia. 

Como colofón, el domingo celebramos la Santa Misa, con una significación especial, pues la celebramos al lado de la tumba  de S. Pedro de Alcántara. (un gran santo, si no le conoces, merece la pena conocerle)

De vuelta al seminario nos dispusimos a agradecer a Dios esta gran comunidad  que es un motivo de gozo perpetuo.