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Con las albas blancas bien lavadas y planchadas nos disponemos, tras cuarenta días de cuaresma, a acompañar a Jesucristo en su Pasión, Muerte y Gloriosa Resurrección.

El Domingo de Ramos comenzó con un día espléndido en Getafe, cuyas calles recorrimos junto a los fieles y con nuestro Obispo D. Joaquín a la cabeza, hasta la Catedral. Así vivimos, con palmas, la Entrada Triunfal de Jesucristo en Jerusalén.

El Lunes Santo fue un día de silencio y celebración. Tuvimos día de retiro espiritual en el seminario, con dos meditaciones impartidas por D. Joaquín: el Ministerio de san Pablo y su comunión eclesial. El día culminó con una eucaristía muy especial para el Seminario, en la cual tres seminaristas recibieron la Admisión a las Sagradas Órdenes, por la cual la Iglesia les alienta a perseverar en su formación hacia el sacerdocio.

El Martes Santo celebramos la Misa Crismal donde nuestros Obispos y un gran número de sacerdotes, renovaron sus promesas sacerdotales y fueron consagrados y bendecidos el Crisma y los santos óleos. El Miércoles Santo tuvimos día de convivencia, con paseo en canoa incluido, por el rio Alberche.

El Jueves Santo, día sacerdotal, nos dispusimos para celebrar la Santa Cena, preparando la liturgia y los cantos. Fue un tiempo propicio para contemplar en la eucaristía su gran institución. Después acompañamos a Jesús en su oración, con D. Joaquín, visitando la Reserva eucarística en varias parroquias; y por la noche en adoración. El Viernes Santo acompañamos a Jesucristo contemplando su Pasión y Muerte y celebrando la adoración de la Cruz en la Catedral. Después, rezando el vía crucis por las calles de Getafe.

Llegó el Sábado Santo, en el cual acompañamos a la Santísima Virgen rezando en una pequeña ermita. Y por la noche celebramos con gran alegría la Gloriosa Resurrección de Jesucristo en la Vigilia Pascual, donde doce catecúmenos recibieron el Bautismo. El Domingo de Resurrección asistimos a la Eucaristía en la Catedral y con inmensa alegría pascual, partimos cada uno a su casa, con su familia, transmitiendo la alegría que da el saber que Cristo ha muerto y resucitado por mí.