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Dos filas de seminaristas avanzamos por el centro de Getafe, vestidos de blanco. Vamos, entre cantos, a la catedral. Es la procesión del domingo de Ramos. Comienza la Semana Santa. La Cuaresma nos ha preparado para estos días.

Lanzo otro flash: es lunes, salimos a la sierra de Guadarrama. Visitamos una residencia de ancianos. Entramos en el salón donde están sentados y les sacamos de la monotonía de la televisión. Hablamos con ellos, mientras se oyen nuestras guitarras y cantos. Nuevo flash: los seminaristas estamos sentados, vestidos de traje. La mitad de la catedral, ocupada por sacerdotes. Huele a óleo. Es la Misa Crismal. Los sacerdotes renuevan sus promesas. Nosotros, al verles, nuestra entrega. La tarde trae sorpresa: D. Gabriel ha vuelto a casa por Semana Santa.

Los siguientes días son de contrastes: recibimos a los invitados que comparten estos días con nosotros, visitamos parroquias, oficios… El miércoles lo dedicamos a estar con Jesús. En el seminario hay silencio. Es día de retiro. Estamos a las puertas de vivir la pascua de Jesús y no conviene separarse de Él. El jueves se vive entre alegría y oración. Por la mañana, celebración con muchos sacerdotes que se unen a la comida. Es el día de la institución de la Eucaristía, jueves sacerdotal. Por la tarde entramos en la Pasión. Tras participar de la Última Cena acompañamos a Jesús en algunos “monumentos” y terminamos en el convento de carmelitas turnándonos toda la noche en oración. Cambiamos de escenario: Viernes Santo, Via Crucis en el Cerro. Acude bastante gente a la basílica. Nos vamos acercando a las tres de la tarde. A partir de aquí, oración y recogimiento. Con María aguardamos la resurrección. Es el momento esperado. 

El flash que quería mostrar… ¡ya ha llegado! Es de noche y estamos en la catedral. En la puerta, arde una gran hoguera. Su llama va pasando de vela en vela. El templo se va iluminando. Empieza la Vigilia de las vigilias: ¡Jesucristo ha resucitado! Lo oímos en el pregón, lo cantamos en los salmos, lo bailamos al terminar la vigilia y lo celebramos en el seminario entre cantos y actuaciones. La Semana Santa en el seminario se vive entre lo ordinario y lo extraordinario. Si es con Jesús, es de los momentos más importantes del año. Dios se da sin reserva.

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