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Imaginemos por un instante que el sentido de la Creación entera fuese el siguiente: Dios Padre todo lo pensó para poner el primer belén de la historia (en Belén, precisamente) y el resto del universo fue ideado para adornar la cuna del Niño Jesús. Puede parecer una locura, ciertamente, pero creo que este pequeño ejercicio de imaginación nos puede ayudar a comprender el sentido del Adviento que hemos comenzado. Quizá no sea tan descabellado.

Cuentan en la Biblia que al principio preparó Dios toda una maquinaria perfecta de estrellas en el firmamento. Algunas ya no están entre nosotros, pero entre ellas se encontraba, con luz todavía muy joven, una tal Oriente, que tendría como misión guiar a los Magos y alumbrar la noche más importante de la historia. Después, aparecieron los animales, que, evolucionando durante millones de años, dieron lugar a la mula, el buey, el perro guardián y el burrito que llevó a los padres de Jesús hasta Belén (cuidado con menospreciarle: se trata del primer trono de Cristo). Más tarde, creó Dios con barro y con sus manos al hombre, figura ciertamente importante del belén. A este primero, le dio una larga estirpe -Dios es eterno, por lo que no tenía ninguna prisa en terminar el belén- de la cual nacería la criatura más perfecta: la Inmaculada Virgen María.

Si llegados a este punto nos quedan fuerzas imaginativas, podemos continuar con las historias de otros muchos personajes. Por ejemplo, los pastores, que, analfabetos e ignorantes como eran en la época, son los primeros en reconocer y adorar al Salvador. También aparece el rey Herodes, duro de corazón y temeroso de un pequeño, que ataca a los más débiles para salvaguardar su reino. Finalmente, los posaderos, los pequeños que juegan en la plaza, los primeros mártires… Incluso los ángeles que cantan glorias frente a la cuna del Niño nos pueden contar su historia. ¡Pregúntasela!

Desconozco totalmente si Dios pensó en todo esto cuando puso el primer belén. Admitamos, al menos, que no es imposible. Espero que haya valido la pena este breve paseo por los entresijos de nuestro belén. No se trata de un simple adorno o una tradición, sino que poner el belén cada año en nuestro hogar nos debe ayudar a centrarnos en lo que celebramos en estos días: Jesús quiere poner su cuna en mi corazón, quiere nacer de nuevo en mí. Todas estas historias nos enseñan a poner la mirada en Jesús. Cada personaje, con su mirada; cada persona, con la suya. Elige con qué mirada quieres mirar al Niño Jesús. Yo me quedo con la del burrito, ¿y tú?

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