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No, gracias. Es la respuesta que muchos cristianos tienen ante una llamada a la misión. Algunos dicen que eso es algo del pasado ¡Error! Jesucristo es necesario ayer, hoy y siempre. Otros dicen que son tiempos difíciles. ¡Error! No digamos que hoy es difícil, sino distinto. Pero, ¿Qué es la misión? ¿Cuál es mi misión? ¿Qué debo hacer? ¿Cuándo puedo misionar? ¿Dónde puedo misionar? Una buena respuesta sería: léete la exhortación apostólica  Evangelii Gaudium, del Papa Francisco, y ponte manos a la obra. Pero yo voy a proponer también mi reflexión de lo que se nos pide hoy, en concreto en nuestra diócesis.

Muchas veces vivimos nuestra fe como si nos hubieran anestesiado, y se queda solamente en palabras. Parémonos a pensar qué podemos hacer para evangelizar, es más, qué he hecho hoy por evangelizar. A lo mejor has imaginado en hacer cosas grandiosas, como ir a otro país con los pobres, o quizás, de forma más realista, has pensado en cosas más accesibles y concretas. Pues bien, recomiendo empezar por la segunda opción. Crea, en tu día a día, un pequeño escenario de misión donde se te ofrecerán múltiples ocasiones de evangelizar. Ponte propósitos pequeños, concretos y mensurables. Y al día siguiente pregúntate si has hecho lo que te propusiste. Poco a poco, cuando hayamos alcanzado esto, podríamos pensar en la primera opción. 

En nuestra diócesis tenemos la gran suerte de celebrar la Gran Misión. Aquí es donde podemos ser aventureros y lanzarnos con planes de evangelización más grandes. Tenemos que quitarnos de encima el “siempre se ha hecho así”. ¡Seamos creativos, audaces! Seguramente, algunas ideas que se te puedan ocurrir no se le han ocurrido a otra persona. Piensa un plan: qué y cómo podría hacerse, qué finalidad buscas, de qué medios dispones… Y pregunta a tu párroco si le parece bien. 

Con este artículo, no quiero dar una respuesta. Más bien al contrario, quiero estimularte a ti, lector, para que hagas propia esta Gran Misión y entre todos colaboremos en ella. Nos puede ayudar a orientar nuestra misión leer las bienaventuranzas, los obras de misericordia, Evangelii Gaudium y la guía del misionero de la Gran Misión de Getafe.

Por último, quisiera quitar de nuestras mentes toda tentación de desesperanza: nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo, nos dice el Papa en Evangelii Gaudium. Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea Dios quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a él le parezca mejor. Encomendemos este tiempo de misión y misericordia.

Id al mundo entero y proclamad el evangelio (Mc 16, 15).

 

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