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El pasado 4 de abril celebrábamos la Anunciación del Señor y orábamos especialmente por la defensa de la vida y los no nacidos. Querido lector, quizás pienses que es un poco arriesgado hablar de este tema pero la tierra clama desde el suelo la sangre de nuestros hermanos (cf. Gn 4, 10). 

¿Qué es lo que necesitas para no abortar? Esta pregunta se la hacía a una chica a las puertas de un abortorio de Madrid hace una semana; ella me miraba y sonreía, decía que no podía tener un tercer hijo, no podía dejar de trabajar. Seguí hablando con ella, era consciente de que era su hijo y de que lo iba a matar, lo sabía, y aparentemente apenas le importaba, finalmente decidió entrar y hoy ese bebé no ha podido vivir. Queridos amigos, esto pasa a diario en nuestras ciudades, en nuestro país, en nuestro mundo. Multitud de mujeres entran a las clínicas con diferentes excusas: estoy sola, no puedo ahora, no me apetece tenerlo, es que ya tengo dos... El aborto se ha convertido en un anticonceptivo. A diario estos bebés son exterminados, ¡esto nos tiene que interpelar! 

En este Año de la Misericordia no podemos caer en el "buenismo" ante este mal y muchos otros. Un error que nos hace mirar hacia otro lado, que nos hace reducir el cristianismo y la verdad del Evangelio a una falsa compasión. Dios es misericordia y ante nuestro arrepentimiento siempre nos va a perdonar pero no podemos abusar de esto para respaldar el pecado. A veces vemos a mujeres o parejas con la intención de abortar, confesándose creyentes, y con la mentalidad Dios me lo perdonará. ¡El cristianismo no es eso! 

Personas como Marta Velarde, fundadora de los Rescatadores Juan Pablo II y la Asociación MásFuturo, me han hecho ser más consciente de esta realidad. Día a día van a las puertas de los abortorios con un único objetivo: salvar bebés. Muchas de estas mujeres han encontrado con ellos su esperanza y su salvación, han encontrado un sentido para luchar por la vida de su hijo. 

Nuestro obispo nos recordaba hace unos meses cómo una sociedad que no respeta el principio de la defensa de la vida está abocada al fracaso. Puede parecer que la solución fácil ante las angustias de una mujer embarazada es el aborto, pero ella no es consciente de que esto quedará dolorosamente grabado en su corazón. No podemos quedar silenciosos ni consentir que cometan tan grave error por culpa de una sociedad que fomenta derramar la sangre de estos pequeños inocentes; el aborto siempre es un fracaso.

¡Hay esperanza! Dios necesita que le abramos camino reconociendo el pecado para poder derramar toda su misericordia en nosotros. Gracias a la ayuda de estos valientes, muchas mujeres ya se han encontrado con la vida de su hijo; y muchas otras, que llegaron a abortar, han hallado el perdón y la forma de sanar las heridas que ello conlleva, encontrándose de frente con el amor de Dios.

Querido lector, ¡despierta! Recuerda a esas madres que hay esperanza para ellas y para sus bebés, que estamos dispuestos a ayudarlas en todo, sea lo que sea, con tal de que no comentan el mayor error de sus vidas. Querida madre, ¿qué necesitas para que tu bebé viva?