FaceBook  Twitter  

En este Adviento, después de haber vivido con toda la Iglesia el Año de la Fe, comenzaremos en nuestra diócesis el segundo año de preparación para la Gran Misión Diocesana, que está dedicado a la Esperanza. Y nadie mejor que la Virgen María para enseñarnos lo que es la verdadera Esperanza. Pidámosle a nuestra Madre su corazón, para poder profundizar en la esperanza que la animó en toda su peregrinación terrena.

El papa Benedicto XVI decía: “Jesús, que en la Navidad vino a nosotros y volverá glorioso al final de los tiempos, no se cansa de visitarnos continuamente en los acontecimientos de cada día. Nos pide estar atentos para percibir su presencia, su adviento, y nos advierte que lo esperemos vigilando, puesto que su venida no se puede programar o pronosticar, sino que será repentina e imprevisible. Sólo quién está despierto no será tomado de sorpresa”. Y en otra ocasión añadió: “En el ocaso de nuestros días en la tierra, en el momento de la muerte, seremos juzgados según nuestra semejanza o desemejanza con el Niño que está a punto de nacer en la pobre cueva de Belén, puesto que él es el criterio de medida que Dios ha dado a la humanidad”.

Caminado con María durante este adviento podemos aprender a esperar en Dios, en ese Dios que cumple lo que promete, que nos ama, que con su poder va más allá de lo que nosotros podemos ver, más allá de la muerte. La Virgen Santísima aúna toda la esperanza; en ella se concentran los anhelos de todo el pueblo de Israel, de toda la Iglesia. La esperanza de milenios se hizo realidad y entró en este mundo en brazos de una madre. Ella esperó en el Dios que no defrauda, en ese Dios que se acuerda de sus promesas. Ella esperó en el Dios cuya misericordia llega de generación en generación y toca a cada ser humano.

Nosotros debemos participar de la esperanza de la Virgen María, introducirnos en su corazón, o mejor, dejar que ella entre el nuestro. De esta forma, en esta Navidad Cristo Jesús, el esperado y la esperanza de todos los hombres, nacerá en nuestro corazón. Nosotros los cristianos tenemos el deber de enseñar a los demás a esperar en Dios, que no defrauda y que ha venido, viene ahora a nuestra vida, y vendrá plenamente para colmar nuestras mayores esperanzas.

Al final de la encíclica “Spe Salvi”, el papa Benedicto XVI hacía una súplica a María, que nosotros podemos hacer nuestra: “Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino”.

  • Voluntariado en Lourdes
    Los seminaristas que hemos trabajado como voluntarios en el santuario de la Virgen de Lourdes el pasado verano os contamos nuestra experiencia.
  • Testimonio y canción de Adrián Castilla
    Aquí comparto una experiencia de la acción de Dios en mi vida, concretamente en la que ha obrado en mi debilidad. Espero que os ayude.
  • 2000 años de luz
    Uno de los grandes éxitos de "La Otra Mejilla", el grupo musical del Seminario