FaceBook  Twitter  

Nadie se imaginaría que en España cualquiera de nuestros conocidos utilizase la fuerza para reducir a otro a esclavitud. Hacerlo a punta de pistola sería chocante. Es normal pensar que la esclavitud es algo acabado, o como mucho, que es el fenómeno de unos países muy subdesarrollados ante el que meneamos la cabeza con resignación. Sin embargo, ¿podemos estar tan seguros de que en nuestras culturas occidentales ya no hay nadie que esté sometido a la voluntad de otro? Creo más bien, que esto se da también hoy, aunque con otras apariencias.

Existe otro poder más potente que ninguno: me refiero a los deseos. Los deseos son una fuerza poderosísima. Son sin duda algo bueno, Benedicto XVI lo decía a menudo. Nos hacen disfrutar de la vida. Queriendo satisfacer un impulso nuestro, buscamos algo que está fuera de nosotros. Es así como los deseos nos muestran a cada uno que Dios ha dejado una huella en nosotros para que le busquemos y nos pueda saciar saliendo a nuestro encuentro.

Si bien esto es verdad, como explica el papa Benedicto XVI en su primera encíclica Deus caritas est, los deseos pueden volverse engañosos. La fuerza de los deseos puede hacer esclavos. Las personas que se ven obligadas contra su voluntad a ejercer la prostitución son ejemplos de esclavos de la sociedad. También propiciamos o permitimos que muchos queden atrapados con los grilletes de la drogadicción, cadenas hechas de la incapacidad de relacionarse normalmente o de ganarse la vida. El último ejemplo de esclavitud que quiero poner es la que surge de que nos creamos en una relación de amo-esclavo por tener un poder que concede el dinero. Disponemos del otro hasta tal punto que tratamos inhumanamente a nuestros empleados o simplemente negamos el vínculo de comunión que tenemos con el pobre al que ignoramos al cruzarnos con él.

Como puede verse, hablo de esclavitud en sentido literal, no figurado, y estas formas concretas muestran cómo un deseo descontrolado puede llevarnos a algo antinatural y abominable, como poseer a otro. Supliquemos al Señor que nos ayude a purificar nuestros deseos. Introduzcamos a Dios en la ecuación de nuestras aspiraciones para que mirando como Él mira a cada persona, alcancemos la felicidad que supera cualquiera de nuestras expectativas.

  • Voluntariado en Lourdes
    Los seminaristas que hemos trabajado como voluntarios en el santuario de la Virgen de Lourdes el pasado verano os contamos nuestra experiencia.
  • Testimonio y canción de Adrián Castilla
    Aquí comparto una experiencia de la acción de Dios en mi vida, concretamente en la que ha obrado en mi debilidad. Espero que os ayude.
  • 2000 años de luz
    Uno de los grandes éxitos de "La Otra Mejilla", el grupo musical del Seminario