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¿Por qué celebrar el Día del Seminario? Siempre que celebramos algo lo hacemos porque es algo importante, algo que no queremos olvidar o que forma parte de nuestra vida. Hoy mismo, miles de personas en todo el mundo celebrarán su cumpleaños; sin embargo, yo no lo haré, porque son desconocidas para mí. Esto nos puede pasar con el Día del Seminario. Puede pasar esta fecha como cualquier otro día. Pero si de verdad el Seminario forma parte de nuestra vida, lo celebraremos, colaboraremos en lo que podamos con los seminarios, rezaremos por ellos, pediremos que haya más respuestas a la llamada de Dios y que los que se están formando sean santos sacerdotes.

El Seminario no es un mero tránsito: es una preparación indispensable para el futuro sacerdote. El papa Benedicto XVI en la JMJ de Madrid dijo que los años del seminario deben ser años de silencio interior, de permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las acciones y estructuras pastorales de la Iglesia.

El sacerdote debe ser hombre de Dios. Pero esto no se hace de un día para otro.  Aquí está la razón de ser del Seminario. Se necesita una comunión con Dios, una formación intelectual, una entrega en las pequeñas cosas, un sí diario; para eso se necesita un tiempo de maduración. El Seminario prepara para que el día de la ordenación, los seminaristas demos un “sí” absoluto, con libertad, con confianza, un “sí” para siempre en el que nos entregamos al Señor y a los demás.

Personalmente, sé que el Señor podría haber escogido a otros con mejores cualidades que yo; pero cada día veo con más fuerza que el Señor no elige a los capacitados sino que capacita a los elegidos. Así sucedió también con los apóstoles. El Señor no escogió a los mejores sino a los que Él quiso. Los apóstoles también necesitaron su tiempo de maduración en la fe y en la entrega de su vocación.

Hay un versículo, que puede pasar desapercibido, que hace referencia a la preparación de Jesús y que me gusta: El niño crecía, se fortalecía y se iba llenando de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él. (Lc 2, 40). Jesús  vivió estos años ocultamente para, el día de mañana, poder entregarse totalmente y cumplir su misión. Así veo mi etapa de formación, una oportunidad de crecer para en el futuro poder servir mejor a los demás.

Estoy feliz de haber podido responder a esta llamada. No olvidemos que el Señor sigue llamando. Ojalá el seminario forme parte de nuestras vidas y podamos decir “yo celebro el Día del Seminario”.