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Bienaventurados cuando os persigan por causa de mi nombre… Esta frase se hace patente tanto en el siglo II después de Cristo como en el mes de abril de 2015. Porque la historia no ha avanzado mucho: seremos más desarrollados tecnológicamente pero, humanamente, en muchos aspectos estamos como hace dos milenios. Entonces eran unos leones los que devoraban a los cristianos; ahora son unas balas las que acaban con ellos mientras que hay leones viendo el espectáculo.

Es cierto que “la sangre de los mártires es la semilla de los nuevos cristianos” y que, a causa de la persecución y la consecuente emigración, llegará hasta los confines del mundo el Evangelio apoyado por esa sangre. Muchas veces, cuando se habla de las persecuciones a los cristianos  en la televisión, no lo queremos ver o lo ignoramos conscientemente. Son muchas las preguntas que se abren a aquél que está atento y se pone frente a semejante atrocidad humana: ¿dónde queda la dignidad humana?, ¿qué hace Occidente por estas personas? Es más, ¿qué hacemos los cristianos por ellos?, ¿rezamos, los encomendamos, celebramos su funeral…?

En el Seminario, hemos tenido la gran suerte de poder contar con la visita del sacerdote iraquí Douglas Bazi quien nos expuso la situación tan difícil que viven los cristianos que son perseguidos en Oriente Medio, en el Norte de África o en la zona del Cáucaso. Nos decía que la vida es difícil cuando ves toda tu fe tirada por los suelos… Templos, altares profanados, iglesias de las que se destroza y se quema todo sentido religioso. Pero lo más impactante es cómo los niños, los inocentes, hijos de mártires, cuando les preguntan por sus perseguidores, responden que sólo rezan a Dios y que no sienten odio hacia aquéllos que les han arrebatado a sus padres.

Esto podría recordarnos otros tiempos, como la persecución religiosa durante la II República y la Guerra Civil. Pero esto está pasando a día de hoy mientras que leemos esto… Tendríamos que hacer algo con toda esta brutalidad, como dice el papa Francisco, y hacer como James Cameron, primer ministro de Gran Bretaña, país anglicano, el único político que está denunciando estos abusos, y unirnos para dar voz a los sin voz.

Muchas veces me pregunto qué pasaría si esa situación de persecución y de martirio llegase a España, a nuestras ciudades, a nuestros pueblos. ¿Seríamos de aquellos que salen corriendo al monte para evitar la muerte o seríamos como los mártires de Barbastro y besaremos nuestras armas de martirio? No olvidemos que son nuestros hermanos, recemos por ellos…

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