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Son las 19.50 y los seminaristas comenzamos a reunirnos en la explanada que hay frente a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en Valdemoro, lugar donde será nuestro encuentro. ¿De qué estamos hablando? Es la “II Oración por las Vocaciones Sacerdotales” que el Seminario organiza en nuestra diócesis; la primera fue hace tres meses en Fuenlabrada. Diez minutos más tarde entramos en el templo junto a su comunidad parroquial. Es el turno de D. Carlos, nuestro Rector. Él explica el motivo de este encuentro, habla del Seminario y nos presenta uno por uno. Es necesario que la gente conozca quiénes somos y por quiénes reza. Cuando rezamos por el Seminario y por los sacerdotes no oramos por algo abstracto o por un lugar, rezamos por personas y rostros concretos, que se han encontrado con Él y a las que el Señor ha llamado para que lo sigan y le entreguen su vida. Llega el momento de Adrián y Mateo. Adrián está en el Curso de Humanidades y este es su primer año; además estamos en su parroquia de origen. Mateo ya está terminando quinto. Ambos nos hablan de su vocación y de la vida del Seminario.

El Señor tiene caminos insospechados para nosotros y a veces nos sorprende, y mucho, pues sus planes no son nuestros planes. Jesús nos ha elegido personalmente a cada uno de nosotros para estar con Él y dar la vida por la Iglesia y todos los hombres. La vocación sacerdotal es un regalo tan grande que nos sobrecoge. A pesar de nuestros pecados y miserias el Señor nos escoge para que seamos uno con Él. ¡Él hace nuevas todas las cosas! Y aquí, en el Seminario, va configurando nuestro corazón con el suyo, va formando un corazón de Pastor, ¡es su mismo corazón! El encuentro continúa y se expone el Santísimo. Ahora estamos delante de Él, le miramos cara a cara, y le dejamos nuestras alegrías y preocupaciones, nuestros gozos y tristezas, le dejamos todo, estamos ante nuestro mayor tesoro y amigo. También es la ocasión de pedirle sacerdotes. Ellos son un don de Dios y Dios concede estos dones a su Iglesia cuando hay gente que se los pide. Tras un tiempo de oración personal, para terminar, todos juntos rezamos la oración por las vocaciones sacerdotales de nuestra diócesis y nos encomendamos a María, nuestra madre y Reina de nuestra vida. Sólo nos queda pediros una cosa: por favor, rezad por nosotros. Que nuestra vida sea enamorarnos cada vez más de Jesucristo y así amaros y serviros; es la clave de nuestra santidad.

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