FaceBook  Twitter  

Uno de los días de otoño del año 2008, cuando me disponía a salir de mis primeros ejercicios espirituales ignacianos, después de haberlos terminado ante Jesús Eucaristía en un último rato de oración, el Señor me concedió la gracia de descubrir cuál sería mi camino hacia la santidad. Gracias a mucha gente (familia, amigos, director espiritual, sacerdotes, ¡y también vosotros con vuestras oraciones!) he aprendido en la vida cotidiana a buscar lo que más agrada a Dios. Me he sentido muy cuidado por vosotros. He descubierto en este cuidado la intercesión de la Iglesia por mi vocación. Intercesión que me mostraba el deseo de Dios de darme una vida en plenitud. Creo que esos momentos resumen todo el tiempo de discernimiento en el que estuve siempre convencido de que aquello a lo que el Señor me llamase sería lo que me haría más feliz.

Querido lector: esta vida no consiste en hacer cosas, sino en nacer y en dejarse amar. En mi caso, la experiencia del amor de Dios (tantas veces a través del amor de los más cercanos) llenó mi vida de alegría y de paz, y me hizo desear ponerme en sus manos plenamente. Poco a poco, con suavidad, él me fue mostrando que quería que me consagrase a Él para servirle como sacerdote.

¡Calienta, que sales! Todos los que hemos practicado seriamente algún deporte de equipo hemos experimentado lo que es salir desde el banquillo. Ahora, tras seis años de formación en el seminario junto al Señor, nos ha pedido a cinco sacerdotes y a cinco diáconos que salgamos al “terreno de juego” para derramar principalmente en él sus consuelos. Benedicto XVI escribió a los seminaristas: “Dios está vivo, y necesita hombres que vivan para Él y que lo lleven a los demás”. Yo, aunque aún me resulte misterioso por mi indignidad, soy uno de los elegidos para vivir con Cristo y llevar sus consuelos a los hombres.

Seguid rezando por nosotros para que seamos fieles a los dones del Señor y sepamos contemplar su paso cada día por nuestras vidas. Jesús está a la puerta de nuestros corazones y llama, para que le dejemos pasar a nuestras vidas. Desea salir en cada momento a nuestro encuentro, pero muchas veces estamos despistados y no nos damos cuenta. Estemos atentos, disponibles a la acción de Dios en nuestras vidas, como estaba la Virgen María antes de recibir la visita del ángel.

  • Voluntariado en Lourdes
    Los seminaristas que hemos trabajado como voluntarios en el santuario de la Virgen de Lourdes el pasado verano os contamos nuestra experiencia.
  • Testimonio y canción de Adrián Castilla
    Aquí comparto una experiencia de la acción de Dios en mi vida, concretamente en la que ha obrado en mi debilidad. Espero que os ayude.
  • 2000 años de luz
    Uno de los grandes éxitos de "La Otra Mejilla", el grupo musical del Seminario