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Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. (Juan 13,1).

Durante todos estos años (veintiocho primaveras en concreto que llevo de vida) Dios me amó y me eligió para ser sacerdote. Ahora sigue haciendo lo mismo y se nota con creces en este mes que llevo ordenado sacerdote. Me miró al corazón, como solo Dios puede mirar, y esa mirada me ayuda a entregar cada día mi vida y ofrecérsela a Él, porque para recibir la llamada al apostolado es preciso un corazón generoso, dispuesto a darse en grandes empresas.

Todo esto me recuerda al llamamiento de los apóstoles. Jesús también amó y eligió a cada uno de los doce. Miró al corazón de cada uno y se ilusionó con los horizontes que la llamada abría a cada uno de ellos. Sí, Dios se ilusionó con los apóstoles y con los frutos de su misión y se ilusiona hoy contigo. Dios piensa en ti, en lo mucho que puedes dar, en tantas personas que puedes hacer felices con tu entrega y piensa también en tu propia felicidad. Dios te llama y se ilusiona con tu respuesta, con tu correspondencia a su amor.

Un pasaje del Evangelio que siempre me ha encantado y estoy recordando especialmente desde mi ordenación es el conocido como el “lavatorio de pies” (Jn 13,1-20). He descubierto que ese es el estilo que Jesús me pide que viva y transmita a todos. 

¡Se puso a lavarles los pies! El estilo de vida no es algo que se improvise. Toda la vida del Señor ha sido un derramarla por nosotros sin condiciones. El estilo siempre ha sido el de la entrega hasta el final y lo demuestra en este gran gesto de amor.

La culminación de la vida es el amor "en serio" hasta la entrega total. Este “amor hasta el extremo” invita a comprometer nuestra vida. Ojalá podamos decir que al final de nuestra vida hayamos amado hasta el extremo.

Enséñanos, Jesús, a amar de esta manera. Que nuestro amor tenga como signo y referencia la Cruz. Enséñanos a no darnos con “cuenta gotas” sino totalmente. Enséñanos a recorrer el camino que Tú has recorrido por delante de nosotros. Santa Teresa nos ha dejado esta frase: "en la cruz está la vida y el consuelo y que en ella está el camino del cielo". No tiene sentido andar buscando cómo proteger o salvar la vida, una vida que Dios nos ha dado y que ponemos en sus manos.