FaceBook  Twitter  

Como todos sabéis, la vocación, cualquier vocación, no es sino el plan que ha elegido el Señor para cada uno de nosotros, para que le sigamos, para que nos unamos a él y seamos santos. Es, en resumen, la historia de amor entre Él y yo.

Cada historia es única, ya sea tras un encuentro fuerte con el Señor, o después de ir dando pequeños pasitos con Él, día a día. Mi historia con el Señor es de este segundo tipo y se podría resumir (como la de muchos de vosotros) en una frase de Jeremías que descubrí  cuando preparaba la catequesis para mis chicos de Perales (mi parroquia de pastoral); dice algo así como: “me sedujiste Señor y me dejé seducir”. Aquí está la clave: dejarme conquistar el corazón y conducir por él, por mi amigo, como hicieron Juan y Andrés a las 4 de la tarde (Jn 1, 39).

Mi camino de amistad con Jesús comenzó siendo pequeño. Nací en Getafe, fui a catequesis de comunión y vivía como un niño normal. Ahora, recuerdo un momento claro en que Jesús me llamó para ser su amigo. Fue una noche de Viernes Santo cuando yo tenía unos 10 años, poco después de hacer la comunión; me había ofrecido para llevar una de las 14 cruces que se sacan en el viacrucis, pero el Señor tenía otros planes: fue esa noche en la que él me llamó para que fuera monaguillo. Parece un detalle sin importancia, pero fue el momento en que empecé de verdad a seguir a Jesús.

A partir de este momento, mi vida se desarrolló con normalidad, creciendo, estudiando… pero, sobre todo, dando pequeños pasos en mi historia con Jesús a través de mi parroquia y mi familia, como una semilla bajo tierra. A los 14 años comencé a ver que mi relación con Jesús no era suficiente y que mi corazón me pedía algo más: “¿Será el seminario?”. Este signo fue acompañado de otros muchos y sencillos con los que Jesús me iba conquistando el corazón.  Yo, sin embargo, me encontraba como el joven rico (Mc  10, 21) y me resistía a decirle que sí.

Finalmente, el Señor consiguió mi sí, me venció, me conquistó. Me encontraba en Fátima, a pocos días de que se cerrara la fecha para mandar la preinscripción de la Universidad (2º de Bachillerato). Pero el Señor tenía otro plan para mí y yo le dije que sí. 

Finalmente, y gracias a la oración de muchos, ingresé en el Seminario el año pasado. Actualmente continúo feliz siguiendo al Señor y aprendiendo de él para ser como Pedro: un pastor según su corazón.

  • Voluntariado en Lourdes
    Los seminaristas que hemos trabajado como voluntarios en el santuario de la Virgen de Lourdes el pasado verano os contamos nuestra experiencia.
  • Testimonio y canción de Adrián Castilla
    Aquí comparto una experiencia de la acción de Dios en mi vida, concretamente en la que ha obrado en mi debilidad. Espero que os ayude.
  • 2000 años de luz
    Uno de los grandes éxitos de "La Otra Mejilla", el grupo musical del Seminario