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Eran las cinco de la tarde de un día soleado. Temblorosos nos acercábamos hacia la Basílica del Cerro de los Ángeles, en aquel día en que el Señor cambiaría nuestra vida. Con gran vértigo nos dirigimos hacia el Altar, con un PRESENTE comenzaba la celebración; indignos, pero decididos, entregábamos nuestra vida para siempre al Señor. No éramos nosotros los que le elegíamos a ÉL, Él nos elegía a nosotros para tan gran tarea, ser siervos del Siervo, amarle y servirle todos los días de nuestra vida, obedecerle en la Iglesia, ser fieles al encargo recibido, ser ministros de la misericordia. Después de esto ¿Cómo explicar este don tan absolutamente inmerecido? ¿Cómo no cantar la gran Bondad que el Señor ha tenido con nosotros y con nuestra querida Iglesia? Sin duda, ‘gracias’ es la palabra que más sale de nuestro corazón y de nuestra boca estos días. Gracias al Señor que nos llama a vivir en la Brecha de su Costado traspasado. Gracias a la Iglesia que nos confía este ministerio de Amor que nos sobrepasa sobremanera. Gracias a todos y cada uno de los que asistieron y de los que han rezado insistentemente en estos días. No puedo dejar de dar gracias a los que con tanto cariño nos han acompañado en estos años, ¡Cómo no dar gracias a nuestro muy querido seminario, a su rector, a sus formadores y a sus directores espirituales! Todos y cada uno de ellos nos han enseñado tantas cosas, y todas tan buenas, pero la mejor de todas ha sido enseñarnos a amar a Jesucristo y a la Virgen María con empeño y pasión.

Volviendo los ojos hacia atrás recuerdo lo bueno que ha sido el Señor conmigo todos estos años, cómo su fidelidad y su misericordia están por encima de tanta debilidad. Su misericordia es la clave de nuestra respuesta, la que nos hace capaces de decirle: Sí Jesús, contigo y como Tú para siempre; son su Bondad y su Amor los que nos hacen capaces de amarle, porque no nos cabe duda, en estos días de recién ordenados, que Él nos amó primero. No dejo de dar gracias al Señor que aquel 28 de febrero de 1999 en Covadonga salió a mi encuentro; que años más tarde me dijo: Ven y Sígueme; Aquel que en el Seminario me fue invitando a la intimidad de su Corazón; Aquel que por medio de los santos nos invita a amar al que no es amado, a Aquel que por nosotros subió al madero y nos pide que le miremos traspasado. Pedid por nosotros para que seamos fieles servidores del Señor, que toda nuestra vida sea una ofrenda agradable a Él.

 

 

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Puedes ver un resumen de las ordenaciones en este vídeo de 4 minutos y medio de duración:

 http://www.youtube.com/watch?v=GBK5mQ8l8-k

 

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