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Nunca se está en mejor lugar como allí donde el Señor te pone. Allí donde no pensabas, allí donde Él te sorprende y te espera. Sorpresa fue acabar aquí, en el Seminario de Getafe. El Señor me trajo, el Señor sabía lo que hacía y yo me dejé. Acabé donde no imaginaba pero donde mejor podía estar. Habiendo nacido en Colombia quién me iba a decir que acabaría en el Cerro de los Ángeles,  y encima sacerdote. Así es el humor que tiene Dios al hacer las cosas.

La primera vez, me acuerdo perfectamente. Sábado de Pascua, no había seminaristas, sólo "los del introductorio" al que iba a empezar a venir. A la semana siguiente quería volver. Era simplemente que donde está el Señor, se nota y tu corazón lo busca. 

Durante mi primer curso vivimos la muerte de D. Francisco. Y eso lo marcó todo. Poco tiempo llegué a compartir con él. Suficiente para estar agradecido al Señor por haberlo conocido. En todos los años siguientes de mi seminario pude comprobar que cada rincón de esta casa, cada detalle, cada objetivo, el espíritu con que se vivían y organizaban las cosas, todo, estaba impregnado de su huella, de su amor a Jesucristo sacerdote y de su deseo de santidad sacerdotal. 

¿Qué es lo que hace especial una casa? No las paredes o las ventanas, no la decoración bien elegida y los muebles bonitos, ni las plantas ni los planos de cuidada arquitectura. Lo que hace especial una casa son las cosas que has vivido en ella. Y cuántas cosas hemos vivido en esta casa nuestra: comunidad, formación, oración, estudio, pastoral, canto, servicios semanales, liturgia, campamentos, convivencias de monaguillos, lecturas, películas, descanso, excursiones, deporte... 

¡Cuántas cosas! pero todas tienen algo en común, algo que las hace especiales como es especial la casa donde han sucedido. Todas han configurado nuestra relación con el Señor. Gran parte de lo que somos, y desde luego nuestra forma de ser sacerdotes, ha sido modelada por la vida del Seminario. En un trabajo continuo e intenso que mella y transforma, eso sí, sólo hasta donde te dejas, sólo hasta donde nos hemos dejado.

En fin, realmente ésta es casa de formación, porque nos da forma, nos modela, nos ablanda y nos amasa para tomar, poco a poco, algo de la forma del Señor. Lo que hace especial esta casa es lo que el Señor ha hecho conmigo aquí: cuántas cosas nos hemos dicho, cuánto me ha enseñado, cuánto me ha cambiado… 

20 aniversario y mil razones para cantar ¡gracias, Señor!

Feliz Aniversario, querido Seminario. 

 

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