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Son las 15:35. Acabamos el postre y Don Carlos, el rector, nos da los avisos. Hoy la tarde es diferente a las demás. Me pongo la ropa de deporte, me ato las botas de fútbol y bajo corriendo al campo de tierra donde nos están esperando para jugar los que quizás algún día ocupen nuestro cuarto en el Seminario Mayor. Hoy es 26 de noviembre y los seminaristas, profesores, personal y formadores del Colegio-Seminario Menor han venido a visitarnos al Cerro de los Ángeles. Es una visita en el marco de los actos organizados dentro del año de celebración de su 50º aniversario, que terminará el 13 de diciembre.

Han llegado esta mañana en autobús y han visitado el Carmelo para ganar el jubileo teresiano. “Sólo more en este monte la honra y gloria de Dios” reza la leyenda escrita en esta iglesia. “Así sea vuestro corazón -les ha dicho Don Carlos-: templo de Dios, lugar donde Él quiera descansar”. 

En cuanto podemos, nos incorporamos al plan. Primero jugamos un partido con los más pequeños. Lucas, Pablo, Noé, Jarillo… ¡son muchos contra nosotros! Luego contra los más mayores. Diego, como siempre, nos marca un gol. No se les da mal el balón a estos chicos; y por lo que veo, tampoco se les da nada mal la alegría, el compañerismo, la preocupación de unos por otros. Me parece que son signos de algo más profundo: su amistad con Jesús. Lo que sospechaba se confirma cuando nos juntamos en el salón de actos para conocernos un poquito más. Escuchando su testimonio me doy cuenta de que Dios tiene grandes proyectos para estos chicos, los cristianos de mañana: esposos cristianos, sacerdotes, consagrados… Sólo Él sabe.

Y llega lo más importante: celebrar la Eucaristía. Me toca ser acólito con Pablo, que me da unas cuantas lecciones de cómo ser un buen monaguillo. Juntos presentamos nuestra vida como ofrenda al Padre para que la escoja si es su Voluntad.

Dios nos ha querido recordar que los dos Seminarios somos un solo corazón, una sola alma. Los ochenta kilómetros de distancia parecen muchos pero se desvanecen en la oración: todos los días nos encontramos frente al sagrario. Hasta el 13 de diciembre hay mucho que celebrar; para siempre, hay mucho que agradecer.

 

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