FaceBook  Twitter  

Es viernes y se abren las puertas de un fin de semana bastante especial, porque nos vamos a la Javierada con los jóvenes de la Diócesis. He preparado mi equipaje. Estoy listo para emprender el viaje. Llego con mis hermanos seminaristas al punto de encuentro en Leganés donde nos recogerá el autobús número 6. Al subir al bus me encuentro con las ovejas que mi Mejor Amigo me ha encargado en estos días.

Pasado un tiempo en el camino, invitamos a los chicos a que compartan lo que esperan de esta experiencia; entonces, un joven de cabello largo, con una camiseta de heavy metal dice: “No soy creyente, sólo he venido por amor a mi novia”. Esta respuesta se convierte en materia de reflexión personal y termino concluyendo que esta oveja no llegará al final de la senda donde le espera el Buen Pastor.

Al día siguiente comenzamos el recorrido. Mientras avanzamos hacia la meta, me doy cuenta de que el trayecto puede representar en corto la vida de cada hombre: un camino hacia ti mismo en el que Dios te antecede, te acompaña y es tu meta final; en el que ríes, puedes llorar, luchas, te fatigas y, ¿por qué no?, aprendes a amar en Cristo al que está a tu lado. Después de caminar algunas horas bajo el sol conseguimos nuestro objetivo: pisar el castillo que guarda el mayor tesoro del mundo —Jesús Eucaristía—. Adorándole, escucho una canción que resuena en mi interior, que me hace caer en la cuenta de cómo el amor no es un simple sentimiento, sino un motor que busca hundir en lo más hondo del Señor mi raíz, que va más allá de cualquier miedo o inseguridad, que busca hacer su Voluntad, que madura en la Cruz y que mueve la realidad entera.

La aventura está por terminar, pero el Señor nos ha guardado a todos una última sorpresa: Él mismo, representado en una cruz con una sonrisa que rompe las murallas del corazón más duro. Con esta imagen Él te invita a sonreír ante cualquier adversidad, te dice lo mucho que te ha querido en la Cruz, lo mucho que le importas, lo mucho que te espera.

Finalmente, es momento de volver a casa. Antes de despedirnos compartimos nuestras experiencias. El chico de cabello largo, con camiseta de heavy metal nos dice a todos: “Se me pone la piel de gallina, parecerá una locura, pero Jesús ha bajado de la Cruz y se ha fundido en un abrazo conmigo”. De esta forma, recuerdo la errónea conclusión que hice al comienzo de este viaje y felizmente me digo: se ha encontrado con el Buen Pastor.