Con la confianza puesta en Dios

Con la confianza puesta en Dios

Me gustaría compartir con vosotros una pequeña reflexión sobre cómo estamos viviendo los seminaristas este momento de tribulación por el Coronavirus.

«Es tiempo de recordar que “en la vida y en la muerte somos del Señor”» (D. Ginés)

Estos días hemos tenido la suerte de recibir dos visitas que nos han dado mucha luz sobre cómo afrontar la situación: la visita de nuestro Obispo D. Ginés y la de D. José María Avendaño, vicario general de nuestra diócesis. El Señor se ha valido de estas dos visitas, así como de las palabras de nuestros formadores y de nuestro rector para tratar de ver qué es lo que quiere el Señor de nosotros, de su Seminario, en estos momentos.

Una de las claves que hemos recibido estos días, en especial por parte de D. Ginés, es la de la obediencia: lo que nos permite colaborar con el Señor en esta situación, ser redentores con él, no es hacer muchas cosas, ni irnos todos al sitio más afectado a cuidar a los enfermos, sino que lo que Dios quiere de nosotros es la obediencia, la docilidad, ser obedientes a lo que nos dicen nuestros pastores, en nuestro caso D. Ginés y D. Jesús (nuestro rector). Así, nuestra misión es quedarnos en el Seminario, permanecer aquí. Ahora, esto no es una huida, sino que tenemos una misión: rezar y ofrecernos, en cada detalle del día a día, por nuestro pueblo, por aquellas parroquias de las que todavía no somos pastores, pero sí aprendices de pastor, y a las que ya llevamos en el corazón.

Esta es nuestra misión, nuestra forma de vivir la caridad a la que nos invita D. Ginés en su reciente carta: orar y ofrecernos, desde que comienza el día hasta que acaba.

Otra clave es la confianza, a la que también nos impulsaba D. José María Avendaño, y que también encontramos en la carta de de nuestro Obispo: “en la vida y en la muerte, ¡somos del Señor!”. D. José María nos decía: “No te olvides, Dios existe. Esto necesita saberlo el mundo”. No podemos olvidarnos de que es Él el que lleva el mundo y el que nos sostiene; estamos en sus manos de Padre.

También D. José María nos recordaba que estamos en el Año de la Caridad, y que este es un momento para anunciar el Evangelio, un momento de evangelizar nuestros pueblos y ciudades. Escuchando estas palabras me daba cuenta más claramente de que nuestra misión hoy (y digo hoy, porque creo que tenemos que ir viendo qué quiere el Señor de nosotros cada día), es la de ofrecernos del todo para sostener a los hermanos de nuestra Diócesis que con sus vidas están dando testimonio de que Jesús está vivo y les sostiene, ya sean miembros del personal sanitario, enfermos, padres de familia, abuelos, sacerdotes, consagrados… todos ellos, cada uno en su lugar, está anunciando el Evangelio entregando su vida, y mi misión es ofrecer la mía para sostenerle. Así, el Seminario debe convertirse en una pequeña velita junto al Corazón del Señor, una vela de sagrario que se consuma ofreciéndose por su pueblo ante el Corazón del Señor.

Perdonad que no haya sido muy organizado, pero quería exponeros con familiaridad cómo está viviendo el Seminario estos momentos tan intensos. Os pido oración, y os prometo la nuestra por vosotros. Pidamos juntos por D. Ginés y nuestros sacerdotes, que necesitan mucho de nuestra oración y nuestra entrega.

¡Unidos en el Señor!

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