Cadena de oración

La Cadena de oración por las vocaciones sacerdotales es una iniciativa de fe y de amor. Es una responsabilidad y un don. Es obediencia y entrega.

Como dice su nombre, se trata de orar. Es una oración de petición, con la que los fieles pedimos al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Es una oración de agradecimiento, porque el Señor Jesús no nos deja solos, sino que nos guía, enseña y santifica a través de la Iglesia, especialmente a través de los sacerdotes. Él mismo eligió a los Apóstoles para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar con poder. Los obispos y sacerdotes continúan esta misión, cuidando así del rebaño de Dios.

La unión en la oración es una de las cosas que hacen de la Iglesia un único Cuerpo de Cristo. La oración de unos se “encadena” con la oración de otros, y así la Iglesia ora sin cesar, como nos lo pide Jesús en el Evangelio.

En el caso de esta cadena de oración, los fieles piden juntos por las vocaciones sacerdotales en nuestra Diócesis. Pedimos que el Señor suscite en los hombres Su llamada al sacerdocio; que configure los corazones de los seminaristas según Su imagen; que haga de los sacerdotes pastores santos de Su pueblo. Y pedimos también que aumente el número de aquellos que responden con valentía y generosidad a Su llamada.

Se trata de ofrecer un día del mes (el que tú eliges) por estas intenciones (puedes elegir una fecha significativa para ti que recordarás mejor). Al Señor le gusta toda ofrenda, y más si procede del corazón de sus hijos. Hagas lo que hagas, todo puede ser una oración. Dios no se esconde cuando fregamos los platos, cuando dormimos, cuando estamos en clase o en el trabajo, cuando conversamos con alguien, cuando hacemos la compra, cuando nos duchamos… Y, por tanto, toda actividad e “inactividad” se la podemos entregar como un regalo nuestro.

Si tú también quieres participar, inscríbete aquí abajo. Es una iniciativa absolutamente gratuita, pero ¡que trae frutos de mucho valor!