¿Por qué el coronavirus?

¿Por qué el coronavirus?

Hoy celebramos en la liturgia la fiesta de Jesucristo sumo y eterno sacerdote, incluida recientemente en el calendario. Pero, ¿qué tiene ver esto con el coronavirus? Nada, si piensas que Dios es un ser alejado de la realidad, o que entre Dios y el hombre hay una distancia infinita e insalvable. Esto último es verdad, ya que el hombre no puede ir al cielo por sí mismo, ni siquiera somos capaces de ser plenamente felices, contentándonos con las sobras que caen en nuestra vida: placeres, poder, fama, etc. ¿Y qué tiene que ver esto con la fiesta que hoy celebramos? Nada, si piensas que lo que vivimos son puros sucesos sin sentido, o que mi único fin es vivir bien aunque me olvide de los demás.

¿Y si nuestra vida tuviese un hilo conductor que desembocara en lo que tanto deseamos, una felicidad sin fin, sin sufrimientos y sin problemas?¿Y si Dios no fuese un ser alejado sino todo lo contrario, alguien que se preocupa por ti, que se desvive por ti y que es encantador?¿Y si Dios enviara a su Hijo para que se hiciese hombre y pudiésemos volver a Dios? Este es Jesucristo sumo y eterno sacerdote que nos llama constantemente para que volvamos al Padre.

Pero hay más: ¿Y si Jesús te estuviera llamando para que puedas ayudarle y ser otro sacerdote que pueda acercar el amor de Dios a los hombres? Diréis que aquí está la cuña vocacional, pero nada más lejos, pues todos estamos llamados a ser sacerdotes por el Bautismo, tanto los pastores como los laicos, cada uno según su estado.

¿Y el coronavirus? Obviamente no es un castigo, porque Dios es amor y quiere que todos los hombres se salven y que tengan vida en abundancia. De hecho, ha querido participar y participa de nuestros sufrimientos y enfermedades, porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado. Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno (Hb 4, 15-16).

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