Un nuevo inicio

Un nuevo inicio

Este curso 2020-2021 ha empezado fuerte, con la entrada de 10 nuevos seminaristas provenientes de distintos rincones de nuestra Diócesis. En primer lugar, tenemos a Meldon España proveniente de Guatemala, y Alejandro Czernia de Cadalso de los Vidrios; desde el sur de Madrid y sus alrededores, encontramos a Jorge Maldonado de San Martin de la Vega y Álvaro Chillaron de Illescas. En el norte, Ignacio Pedraja, Jorge Carrascosa y Juan Liquiniano de Villanueva de la Cañada; Pablo Soto-Largo de Boadilla, y Roberto Rubio de Villaviciosa de Odón. Por último, Javier Ramírez, después de estudiar en Navarra.

El curso pasado se incorporaron seis seminaristas y este año diez. Esto supone un gran aumento de las vocaciones a pesar de las dificultades; de la aparente oscuridad que ha sometido al mundo la pandemia. En esta situación me aventuro a citar una frase del Evangelio: “una luz les brilló” (Mt 4, 12-23). Quizá esta pandemia en vez de oscurecer, de separar -si nos paramos un momento- nos haya servido para limpiar nuestras lentes y redescubrir de nuevo el destello del don de la vida, el don que es el otro. Esos pequeños destellos, que son las realidades tan aparentemente insignificantes como el valor de tomar un café por la mañana o el abrazo de nuestra madre. ¿No hemos redescubierto la realidad como algo dado, es decir, como un regalo?

Imagino que os preguntareis, ¿qué tiene que ver todo esto con el inicio de curso y la entrada de 10 seminaristas? Tiene mucho que ver, pues somos 10 chavales que han intuido y saboreado esta sobreabundancia cotidiana en relación con Cristo, por la cual uno entrega la vida. 

Vosotros, las personas que han sido tocadas por el anuncio del Resucitado, son donde he visto estos destellos de forma continua, donde toda la vida es una aventura; y yo por este testimonio entro en el Seminario. Sí, os escribe uno de los 10. Siempre he pensado que una de las razones que sostienen mi entrada sois vosotros, con vuestra oración. Algo tan sencillo como ofrecer una situación difícil, entregada a Cristo por nosotros, tiene una fuerza descomunal. Si de algo quiere servir esta crónica, es para trasmitir la Alegría de quien lo deja todo, por seguir a Uno que hace todo permanentemente nuevo. Una alegría no basada en esfuerzos u optimismos, sino en la certeza de una Presencia, que se hace carne en personas de nuestro entorno y que me lleva a decir: “aquí estoy Señor porque me has llamado”.